A veces vivimos demasiado pendientes de todo…
de lo que dicen, de lo que esperan, de lo que tememos.
Antes creía que tenía que entenderlo todo, controlarlo todo, darle sentido a
todo…
A las discusiones.
A las decepciones.
A las heridas.
A las personas que cambian.
A los silencios.
A las máscaras.
Pero llega un momento en la vida en el que observas las
cosas desde otro lugar.
Y comprendes que muchas veces sufrimos más por lo que imaginamos… que por lo
que realmente ocurre.
Y un día comprendes algo:
nada tiene tanto sentido como para perderte a ti mismo por ello.
El día que aprendes a reírte incluso de tu propia sombra…
de tus miedos, de tus errores, de tus inseguridades…
ese día empiezas a dejar de pelear contigo mismo.
Y ahí… comienza algo muy parecido a la libertad

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